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Grosor de la corteza cerebral e inteligencia
Primera revista islámica digital latinoamericana
(NC&T) Estudios anteriores habían mostrado que la inteligencia y la capacidad cognitiva están correlacionadas con la estructura y el funcionamiento de regiones específicas del cerebro. La asociación entre el grosor cortical regional y la inteligencia ha sido muy poco estudiada, y la mayor parte de los estudios previos en niños normales se han basado en muestras relativamente pequeñas. Por ello, al disponer de mejores medios técnicos y una muestra mucho mayor, los autores del nuevo estudio han conseguido examinar con mayor profundidad y fiabilidad esta relación, y han identificado áreas cerebrales donde el grosor cortical está asociado con la eficacia cognitiva.
El grosor cortical puede, entre otras cosas, reflejar la cantidad de conexiones complejas entre las células nerviosas. En otras palabras, cortezas más gruesas tienden a tener conexiones más sofisticadas, con las obvias consecuencias positivas sobre la capacidad cognitiva.
En el nuevo estudio se logró detectar un vínculo positivo entre el grosor cortical y la capacidad cognitiva en muchas áreas de los lóbulos frontal, parietal, temporal y occipital. Las regiones donde esta relación es más marcada son aquellas zonas donde la información converge desde varias regiones del cerebro para ser procesada.
Uno de los hallazgos más importantes de este estudio es que confirma el modelo distribuido de la inteligencia, un modelo de funcionamiento del cerebro en el que múltiples áreas del cerebro están involucradas en las diferencias de capacidad cognitiva, en vez de lo propuesto en el modelo tradicional según el cual existe sólo un centro o estructura importante que determine la capacidad cognitiva de la persona.
Areas del cerebro donde existe una asociación entre la habilidad cognitiva general y el grosor cortical. (Foto: Montreal Neurological Institute)
Un conocimiento más profundo del funcionamiento normal de las habilidades cognitivas constituye un primer e importante paso para averiguar las causas exactas del declive cognitivo observado en las personas mayores, así como en otras personas afectadas por patologías de diferentes clases, como la esclerosis múltiple, la esquizofrenia, la depresión y el retraso mental. Ese conocimiento puede acabar conduciendo a intervenciones que ayuden a aliviar o prevenir el declive de las funciones cognitivas u otros problemas mentales.